Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Proceso de escritura, nueva versión 2°


Miércoles 6 de julio del 2011
Traté de decidirme a ver si se soltaba, pero insistía en asirse a mí. Por días ¡Qué va! ¡Por semanas! Se quedó, presente ella ahí, al lado mío. Curioso cómo muchas veces resulta indescriptiblemente más difícil generar esa idea que al menos logre alcanzar a la palabra “agrado” qué escribir a partir de ella. Incertidumbre humana, duda, más normal que ocurra que  lo contrario ¡Dichosos aquellos que transcurren por el sendero de la vida a paso firme y sin mirar atrás!
Después de todo,  me parece lógico intentar con la idea que tarde o temprano –pero siempre- terminaba acudiendo a mi mente, y es que es algo que me interesaría mucho explorar, el viaje de una persona hacia su interior, lucha constante, cotidiana, entre el ello y el superyó. Rabiosa revuelta en la cuál perdés si te distrajiste nada más que un segundo –aunque habría que ver si al final no es mejor perder, al menos por un ratito-.
La acosadora ocurrencia es sobre una chica con desórdenes alimenticios. Más bien, anorexia. Me gustó no sólo por lo que implica en la persona sino también hoy día en nuestra sociedad. También el hecho de que se expresen mucho por internet –pensé- me ayudaría mucho a tener información de primera mano, de vivencias diarias, así como también podría ver si encuentro historias clínicas. En fin, información no me falta, ganas tampoco, a ver si sale.
Ya está ¿Viste? Me decidí al menos por ahora, largáte y no aparezcas hasta que te llame si te necesito.

Martes 12 de julio del 2011
Creo que el curioso aspecto de la duda no es el pender infinito sobre la mente, ni el hacernos interrogarnos hasta el cansancio, ni su fluir eterno, incansable, inexorable. Tampoco lo es la serpenteante, atrevida manera que posee de amalgamarse a lo diario, a lo cotidiano. He aquí lo curioso: ¿Cómo es que su omnipresencia permite aún al hombre evitarla? Cuestionarse, sí, pero no hacer nada. Preguntarse, dudar, e inclusive así abandonarse a lo azaroso. Quizás la pereza sea más fuerte, quizás para la mayoría es soportable o inclusive, inevitable convivir con ella sin saciarla ¿Cuántas veces quisiste saber cosas y no te atropellaste por averiguarlas? ¿Cuántas surgió el cuestionamiento y fue más fácil retozar en la ignorancia que intentar develarlo?
Creo que esa es una de las primeras cosas que se plantó frente a mí, no dispuesta a torcer el brazo hasta que lo admitiese. Las innumerables veces que el interés aparece, la cantidad de cosas sobre las cuáles a uno le gustaría tener respuestas y sin embargo no siempre conviven el tiempo, las ganas, la dedicación y la fuente. Así que puedo afirmar, convencida, que muchas veces la obligación aparece cómo necesaria. Cómo necesaria en sí y también en cuánto se ocupa de que hagamos algo para lo cual, quizás entre excusas, nunca encontraríamos el tiempo necesario.
Mi actual situación se presenta cómo placentera, tan distinta a la anterior de tomar una decisión que me conforme. La investigación se enriquece, las fuentes no son mezquinas e inclusive puedo escribir –medianamente encubierta, claro está- y obtener información de primera mano. Lo encuentro interesante, excesivamente intrigante y con una pizca de incertidumbre raspándome por dentro. Ya decidí que va a ser en primera persona, no creo que exista otra manera de escribir algo tan extenso (cualitativamente) por el hecho de conllevar una gran carga psicológica. Mis últimas decisiones serán: ¿Edad? (más que nada referiría a ver si la protagonista convive o no con sus padres). Y lo que creo que se definirá mientras escriba es la mirada que la protagonista va a tener; ya que mediante la lectura de los blogs, descubrí que hay diversas maneras de encarar la enfermedad. Algunas ostentan la bandera, orgullosas. Otras no tanto. También están las que quieren superarlo y las que no (que no siempre es directamente proporcional a lo anterior) y así. Es decir, tengo que construirla y no estoy segura de cual me atraiga más. Queda seguir leyendo y empezar a escribir a ver si al menos comienza a delinearse…

Martes 19 de julio del 2011
El boceto que hice resumiendo un poco la lectura de blogs y después de haber visto un par de documentales, es el siguiente.
BULIMIA: Desorden alimenticio en el cual por comer poco la persona se da seguidos atracones que le provocan extrema culpa lo que la lleva a inducirse el vómito.
ANOREXIA: Desorden alimenticio en el cual la persona trata de comer cada vez menos intentando llegar al punto de no comer. Finalmente causa inanición. Es mayor causa de muerte que la bulimia.
*A menudo se dan combinaciones de ambos trastornos, no se encuentran perfectamente delimitados.
Ejes de la actitud del personaje:
-Anoréxica
-Excesivo conteo calórico diario
-Preocupación porque otros noten su desorden
-Terror a comer en público
-Esporádicos atracones asociados a factores emocionales
-Atención al peso de los demás
-Eventos importantes asociados a la vida diaria son vistos como metas para verse más delgada
-Desagrado ante quiénes no controlan su peso
-Soporte moral en imágenes de extrema delgadez
-Nunca hay una meta final, siempre se desea bajar más
-Distorsión de la imagen, siempre se ve con más peso del que posee, cuánto más desciende el peso, más se distorsiona la imagen
-Depresión inmediatamente asociada a la enfermedad, nunca se llega a un punto de satisfacción, sólo empeora
-Deseo de recuperarse pero a su vez de no hacerlo porque no quiere subir de peso
-Problemas afectivos y emocionales inmediatamente unidos al régimen diario, disconformidad en todos los puntos de su vida
Ejes de la actitud de los padres:
-La madre sufre a su vez un trastorno sin que su hija lo note en un principio. Preocupación por que su hija no pase por lo mismo pero a la vez absorta en sí misma -la enfermedad una vez que aparece nunca desaparece del todo-.
-El padre es ajeno a todo, o quiere serlo, aún no lo decidí.

Miércoles 10 de agosto del 2011
El boceto fue lo último que realicé antes de comenzar a escribir, porque sabía que si no empezaba nunca iba a terminar de decidirme. Si continuaba buscando información, tampoco. Lo increíble de la temática que seleccioné es –y voy a continuar diciéndolo- la inacabable información que se puede encontrar. Es tan plural y singular a la vez. Millones de personas viviéndolo, sufriéndolo a diario, tantos comportamientos comunes y a la vez tantas maneras particulares de encarar la enfermedad. Dice mucho de uno.
 Me gusta empezar a escribir para ver cómo va quedando así decido si dejar o sacar cosas. Además el hecho mismo de escribir hace que nazcan ideas que quizás de la nada nunca se me habrían ocurrido.
A partir del segundo párrafo ya había decidido, por ejemplo, que la chica rondaría unos veintitantos y viviría sola, sin la presencia paterna. Me pareció muy cliché el escribir acerca de cómo se esconde de sus padres para tirar la comida o alega malestar para no comer. También la idea del padre siempre indiferente, o el culpar a la madre que tiene desorden y por eso la hija también, no me gustó, no terminaba de cerrarme, así que me decidí por una amistad que fue -por causa del desorden alimenticio de la protagonista- y de un “amor”, viciado, irreal, que puede ser. Que por la carga psicológica y emocional que dicho desorden conlleva, no puede ser nunca verdadero, la persona no se permite amar al odiarse tanto a sí misma y al creer que provoca desagrado en los demás. La única manera de que ella lo acepte y considere sería el que ella vislumbra, que no va a ser querida por otro, que este se le aparece cómo apacible, que sólo va a estar ahí, que ni se da cuenta de la enfermedad de ella, que no va a intentar internarla ni curarla.
Por otro lado la idea principal durante el texto que me propuse y me gustó fue la de la anorexia en sí, que es vista como una confidente por la protagonista, con la que se ama y se odia a la vez, de a ratos. También la idea de la comida cómo la principal enemiga siempre presente, buscando “llamar la atención” de la protagonista, hacerla caer en la tentación. A su vez se da un enfrentamiento entre ellas y con la protagonista en la que ninguna es vencedora definitiva, siempre hay una constante tensión que es la que termina agotando a los enfermos de anorexia, y la cual lleva a la depresión, a veces al suicidio.
La principal razón por la que elegí la anorexia cómo tema del proyecto de fin de cuatrimestre fue que lo que más me atrae a la hora de pensar en el viaje es la existencia de distintas clases de viajeros en cuanto el interior, el pensamiento de cada uno es un viaje –si uno quiere- interminable, en el cual no se puede viajar acompañado. Y enfermedades cómo estas me llaman aún más la atención porque son provocadas e incubadas en la sociedad pero, a la hora de atravesarlas, se viaja solo.

Domingo 21  de agosto del 2011
A la hora de buscar lecturas para que me acompañen en la escritura del proyecto narrativo, se nos permitió elegir uno de los autores que se encontraban en el cuadernillo de consignas de “Viaje y escritura”. Acá viene una confesión, y es que creí que sólo podía ser uno de los tres de los cuáles habíamos leído breves cuentos. A saber, Borges, Carver y Chéjov. Así que revisé un poco de sus biografías, leí comentarios de algunas obras y decidí que Chéjov era el que más me iba a gustar leer y elegí “La Gaviota”. Acá viene la segunda confesión, era una obra de teatro, más precisamente una comedia así que realmente no me acompañó mucho ni aportó tanto. Por otro lado, Emilia me había sugerido que leyera “Contra la pared” de Belén Rizzo y puedo decir que me sirvió bastante más que mi mala elección de Carver, será por la manera de escribir, será por la selección de un tema similar o de un personaje joven, femenino, frustrado, pero sí, me acompañó más.
Luego de la primera lectura de los proyectos, Claudia –la coordinadora del taller-  me hizo una sugerencia de que quizás el autor que más me habría ayudado en el proceso era Kafka y me quedé pensando en eso, de haber leído la metamofosis más de una vez buscándole significados distintos. De haberla leído por primera vez a los doce años y habérmela pasado días enteros preguntándole a mi papá que significaba esto o aquello (significados que ahora, con un par de añitos más, veo que no son universales ni únicos). En fin, lo que quería aclarar o señalar, es que me atrapan mucho las historias contadas de esa forma, de algo no siempre lineal, no siempre tan fácil de ser reconocido  y encontrado. Lo que me hace querer seguir leyendo es pensar en que se quiso escribir, cómo, por qué, que quiso decir, si quiso decir tan sólo una cosa o varias juntas. Eso fue lo que quise lograr, es la forma en la que a mí (con énfasis en mí) me gusta.

Miércoles 24 de agosto del 2011
Luego de la primera entrega del proyecto narrativo, realizamos lecturas con algunos compañeros de la comisión, en las cuales me dijeron que les costaba encontrar el número de voces o “personajes” que había en el cuento. A partir de eso, las coordinadoras del taller me hicieron una sugerencia, según la cual podría agregar ciertas palabras claves en lugares –también- claves, para dar un cierto efecto de sentido distinto, un tanto más accesible, para que se pudiese vislumbrar sobre que trataba de una manera menos tortuosa ya que me plantearon que quizás quién no conociera el tema del cuento no podría llegar a las mismas conclusiones que ellas.
Por lo tanto se me propuso entregar el texto a alguna persona que no estuviese “empapada” en todo el proceso de producción, y no supiese de qué trataba el texto. Así lo hice con dos compañeros y la devolución fue cercana a lo que me proponía lograr, pero nunca certera. Es decir, vislumbraban una  gran fatiga psicológica,  un problema que va consumiendo en vida a la protagonista, pero no llegaban a notar completamente que se trataba de un desorden alimenticio y menos el hecho de que la anorexia en sí es una protagonista.
A partir de ambos ejercicios releí algunas de mis notas para utilizar palabras que concordasen y que dieran un sentido,  que significasen algo para el tema tratado para así poder ayudar a que el lector arribase a un cierto tipo de entendimiento más general del cuento. No sé si lo habré logrado completamente pero creo que había mucho de cierto allí ya que me propuse varias lecturas minuciosas luego del agregado y me parece que se encuentra un tanto más clarificado o, al menos, más dirigido al tema en cuestión. 

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