Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.

jueves, 28 de julio de 2011

Continuación

Decía que la amaba, decía amarla cada vez más, gozar de su presencia aunque sea en la quietud eterna, en el silencio interminable, en la rabia impredecible, en la histeria no diagnosticable. Decía esperarla hasta cuándo fuese. Decía tomarse su tiempo, que pasa. Decía tanto y nada, callaba tanto como decía. Miraba menos de lo que hablaba. Decía palabras grandes, de compromiso sin compromiso, interminables. Palabras y más palabras. Silencio y más descenso. Decía… Vos no entendés nada, no ves nada, sigo tratando de descifrar que estás buscando en el abismo. Tu eternidad se cae a pedazos enfrente tuyo, se desangra en vida, se abre a la quietud infinita, a la paz inconcebible, se aferra desesperadamente a lo diario, no logra evitar el descenso y vos decís que para siempre. Decís amar y no te das cuenta que no existe, yo no, con ella no, conmigo no, la capacidad se desvaneció hace tiempo, si es que alguna vez hizo presencia. No, no estoy nunca sola, eso no es lo que me preocupa.
Las manos, los pies. Adhiriéndose a los muebles, al piso, no la dejaban mover, se aferraban, echaban raíces que nadie movería. Y era más fácil cobijarse allí, cual suspiro atrapado. Era mejor estarse quieta, sólo mover los ojos para vigilar, estarse tranquila, moverse lo menos posible. Y ella ganaba, siempre más tranquila, más paciente, escondida, aún más guardada, a sabiendas de que el ahínco culminaría en ella, y podría hablar, maldecir. Si se estaba quieta ganaba, si se movía también. Podía decirle cuánto le desagradaba, todo lo horrible, lo asqueroso que veía, todo lo insoportable, lo inconcebible, lo irreparable.
 Ella intentaba arreglarlo, de eso se trataba. O al menos lo pensaba. Y en el arreglo, en la ficción aparecía él. Él que se quedaría del otro lado, que se quedaría arriba mientras estaba abajo. Al menos la aceptaba, al fin y al cabo era el único que la veía, que decía admirarla. Él que se contentaba con días de resentimiento, que soportaba las fulminantes miradas en el sopor de la tarde, en la humedad de la noche. Que sabía debía callar, no insistir, no intentar razonar. Cuánto más se acercaba más la distancia lo exprimía, y allí estaba.
La vez que intentó acercar una mano, el llanto, la luz asqueada en sus ojos. La repulsión tintineante, repicando a diario. Y allí estaba. De algo valdría, serían tres.

domingo, 24 de julio de 2011

Comienzos

Álgido malestar recurrente. Subió la calefacción y se volvió a recostar, eventualmente lograría dormirse, único consuelo.
Observó el reloj, se lamentó por lo bajo y descendió un poco más. Ella siempre esperaba, esperaba en todas partes. Era tan paciente… Sabía que en algún momento la tendría, pero no sería tan fácil,  sería tan sutil. Sabía que al menos sus pensamientos eran de ella, y a eso no había manera de cambiarlo. Y ella también lo sabía, había atravesado –y dedicado- una vida entera tratando de descubrir lo contrario. Siempre enfilaba hacia el mismo resultado y siempre descendía un poco más.
¿Por qué la miraban? ¿Por qué? ¿Qué era lo que observaban? ¿Qué buscaban? ¿Por qué reían? ¿Cuándo dejarían de reír, de sonreír, de murmurar, de cotillear, de señalar? Sólo entonces quizás lograría dejar de sollozar, de odiar. No podía evitarlo, odiaba. Odiaba intensamente, diariamente, rutinariamente. No era su culpa, la habían hecho odiar, ellos habían logrado que los odie inclusive cuando no los veía. Odiaba tanto… Y no podía siquiera acudir al único consuelo, no podía, sabía que aún peor afloraría el odio, se la tragaría en vida.
Dos en uno, uno en dos, base del pensamiento, acaparador de totalidades ¿Se estaría volviendo idiota? No podían decir que no lo intentaba. Y ella esperando, sonriente, desgraciada, miserable, alimentándose de su desgracia, aprovechando su rencor, insultándola si se acercaba. Dialéctica de su descenso, de su vida.

martes, 19 de julio de 2011

Notas para un ensayo

BULIMIA: Desorden alimenticio en el cual por comer poco la persona se da seguidos atracones que le provocan extrema culpa lo que la lleva a inducirse el vómito.
ANOREXIA: Desorden alimenticio en el cual la persona trata de comer cada vez menos intentando llegar al punto de no comer. Es mayor causa de muerte que la bulimia.
*A menudo se dan combinaciones de ambos trastornos, no se encuentran perfectamente delimitados.
Ejes de la actitud del personaje:
-Anoréxica
-Excesivo conteo calórico diario
-Preocupación porque otros noten su desorden
-Terror a comer en público
-Esporádicos atracones asociados a factores emocionales
-Atención al peso de los demás
-Eventos importantes asociados a la vida diaria son vistos como metas para verse más delgada
-Desagrado ante quiénes no controlan su peso
-Soporte moral en imágenes de extrema delgadez
-Nunca hay una meta final, siempre se desea bajar más
-Distorsión de la imagen, siempre se ve con más peso del que posee, cuánto más desciende el peso, más se distorsiona la imagen
-Depresión inmediatamente asociada a la enfermedad, nunca se llega a un punto de satisfacción, sólo empeora
-Deseo de recuperarse pero a su vez de no hacerlo porque no quiere subir de peso
-Problemas afectivos y emocionales inmediatamente unidos al régimen diario, disconformidad en todos los puntos de su vida
Ejes de la actitud de los padres:
-La madre sufre a su vez un trastorno sin que su hija lo note en un principio. Preocupación por que su hija no pase por lo mismo pero a la vez absorta en sí misma -la enfermedad una vez que aparece nunca desaparece del todo-.
-El padre es ajeno a todo, o quiere serlo, aún no lo decidí.