Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.

sábado, 11 de junio de 2011

O... ¿Quién te dijo que era como vos creías?

Caminé por todo el perímetro del parque en búsqueda de alguna señal que me familiarizara con el terreno, observé detenidamente cada detalle y en vista de que ya no encontraría nada, me adentré por el único portón visible, bastante nuevo, bastante feo, tenía una estructura extraña, nunca antes vista. Pero lo peor era la casona, aburrida, común, sin terraza y con las columnas más feas que haya visto en mi vida, era simplemente de mal gusto…
Intenté por la puerta principal pero estaba trancada, además de mal gusto cuánta descortesía, quién hubiera pensado, que vergüenza. Igualmente no me resultó tan difícil abandonar esa horrorosa puerta verde, así que decidí probar suerte por la otra puerta que, si no me equivocaba, se hallaba al costado de la casona. No recordaba que el patio hubiera estado pintado de ese color y ¡vea usted que maleza! Cuánto descuido, alguien debía recibir una represalia. Si continuaba mirando, el corazón se me iba a acelerar aún más, mejor entraba a la casa y me tomaba unos mates con Saturnina, seguramente estaría más que feliz de verme, últimamente andaba requiriendo mi atención más que de costumbre, supongo que se sentía muy sola en una casa tan grande.
Había un par de sillas extrañas y un talonario absurdo. Extrañado, imaginé que los hijos de alguna de las criadas habrían estado jugando con ellos. A través del umbral, visualicé una vitrina pero no su brillante contenido así que me acerqué, intrigado. ¡Pero válgame Dios! Esto era el colmo de los colmos, ¿Cómo se supone que podría tomar mate si un inepto lo había colocado dentro de una vitrina? ¿Era esto una especie de juego macabro? ¿Los ingleses lo habrían puesto allí? Mi furia llego a tal punto que salí corriendo de allí, no podía soportarlo, todo era muy extraño, confuso ¿Dónde estaba mi mujer? ¿A dónde se habían ido todos?
Llegué a otra puerta y entré sin pensarlo, debía llegar al fondo de esto. La sala estaba en penumbras, gente extrañamente vestida y niños se hallaban allí, menos mi Saturnina, o las criadas, o quien fuera que yo pudiese llegar a conocer. Había tan solo dos personas iluminadas por quién sabe qué extraño artefacto y una gigantesca ciudad en miniatura. Con un rápido vistazo alcancé a reconocer el cabildo con mucho esfuerzo, era la ciudad de Buenos Aires. Ya no pensaba claramente, la cabeza me daba vueltas y cada cosa que veía me confundía más y más.
Comencé a notar que muchos se daban vuelta para mirarme, supuse que porque estaba parado en el medio del salón así que me senté a tratar de organizar mi mente. De repente, la muchacha iluminada se va. ¡Aaaaarghh! ¡Monstruo! Fue lo primero que atiné a gritar. La muchacha había vuelto pero tomada cómo rehén por dos horrorosas bestias deformes y nadie hacía nada. Jamás había visto bichos tales así que desenfundé mi arma dispuesto a rescatar a la muchacha iluminada. – ¡Papá, ese señor va a matar a los títeres!- fue lo último que escuché.
-Pero escúcheme, me parece que deberían intentar en el hospital o fijarse si no tiene algún tipo de documentación encima que lo identifique antes de llevárselo así cómo así, después de todo el arma era de juguete, no sé si la comisaría será el mejor lugar para el pobre hombre, definitivamente está confundido. –Está más que confundido señor, ¿no ve que está reclamando ser Cornelio Saavedra? El hombre está loco, eso está claro. Lo llevamos y vemos que hacemos con él después, de todas maneras dudo que usted ofrezca su casa para que pase la noche.
Hablaban de mí como si fuese idiota, que me tuviesen inmóvil no implicaba que no pudiese escuchar. Empecé a llorar bajito de la desesperación ¿Cómo iba a encontrar a alguien que me creyese si ni siquiera estaba mi amada Saturnina para reconocerme? Seguramente esta era una estratagema de los ingleses para llevar a cabo la invasión y yo había caído, quién supiera si alguien podría salvarnos ya. ¿Tantos esfuerzos por esta tierra habían sido en vano? ¿Toda la lucha y las muertas no habían servido de nada? La peor impotencia era el haber sido engañado, ni siquiera se me había permitido luchar como se debía, eso porque eran unas ratas traidoras, incapaces de pelear como cualquier hombre que se digne de sí mismo pelearía… Y lo que le habían hecho a mi casa… Y dónde estaba mi mujer… Comencé a llorar por lo bajito, el dolor de mi alma era tal que sentí mi corazón resquebrajarse. 

Remontando

En 1921 nacía lo que hoy sería el actual museo Cornelio Saavedra bajo el nombre de Museo Municipal de Buenos Aires en  avenida Corrientes al 939, mayormente creado gracias al desinteresado aporte de Ricardo Zemborain quien generosamente legó todas sus colecciones artísticas e históricas para dicho fin.
Dicho museo debió ser mudado previamente  de tres locaciones antes de que, en 1941, la Comisión Interventora de Vecinos del Concejo Deliberante decidiese asentarlo definitivamente en la gran chacra que perteneció al sobrino de Cornelio Saavedra y por tanto pasó a llevar el nombre de dicho prócer. Esto provocó algunos enfrentamientos y polémicas ya que ahora las colecciones y la disposición del museo en general debían girar en torno a la personalidad de Saavedra cuando originalmente el museo buscaba exponer la historia de la ciudad de Buenos Aires desde su fundación hasta el día de hoy. En 1947 se decidió la fusión definitiva y el museo recuperó su patrimonio. Hoy, las salas tratan de aproximarnos a la vida cotidiana de la ciudad de Buenos Aires durante el siglo XIX y a los principales acontecimientos de toda índole de la época, proponiendo diversas reflexiones, invitándonos a pensar y a no olvidar. Las salas permanentes están conformadas por sus colecciones de platería, mobiliarios y objetos de arte y decorativos, peinetones y alhajas femeninas, vestimenta y costumbres y una última conformada por platería rural. También se pueden encontrar testimonios de la liberación de las colonias de Sudamérica, el proceso de la Confederación Argentina, la historia monetaria argentina con una extensa colección y una sala con infinidad de armas de uso civil y militar.
La arquitectura del lugar me había llamado la atención en mi primera visita y por lo tanto me desalentó un tanto enterarme de que originalmente esa no había sido su verdadera fachada ya que la gran casona se había construido en 1870-80 y había sido modificada para adaptarse al período correspondiente a la primera mitad del siglo XIX para adecuarla más a lo que ella albergaba en su interior. Hoy día es una gran casona en forma de U que se halla en el medio de una verde explanada en la que se pueden encontrar viejos cañones roídos por el viento y una fuente que no me extraña que esté seca, el lugar parece en constante y solitario reposo.
Pero el mobiliario inmóvil no es el único atractivo del museo ya que en él se presenta una compañía de teatro e investigación histórica que fue fundada en 1995 y que ha ido estrenado obras hasta llegar a las 17. Dichas obras se reponen constantemente y han sido reconocidas por el Fondo Nacional de las Artes  y el Instituto Nacional del teatro. Orgullosos, se atribuyen la creación de un nuevo género que combina investigación histórica, teatro y humor conformando así la comedia histórica. El museo tiene infinidad de cosas para ofrecer siempre que uno se encuentre abierto a observarlas realmente.